“Un Cielo de Vidalas se posó sobre nosotros”

Todavía estamos vibrando de emoción. Un cielo de vidalas se posó sobre nosotros. Peñas en el Patio se llenó de calidez. A pesar del frío circulaba una energía muy especial que nos terminó por encender el entusiasmo. Aún nos cuesta lograr la síntesis de nuestra gratitud. Las expectativas se vieron superadas en todos los sentidos gracias a cada uno de ustedes, quienes nos acompañaron en esta aventura de poesía y canto.

PH: Arturo Ortiz Sosa / María Rosa Di Santo

Abrió la noche la bella voz de Leticia Aranda con su viento colpeño y la guitarra segura de Ramiro Riedel. Luego Mayra Mercado Grupo, una banda que se consolida cada vez más en la estética y el buen gusto de su propuesta, sin perder la frescura juvenil. Y La Pacota ¡que decir! Nos llevó de la mano por la emoción del mensaje cierto, comprometido y bello, con una fuerza indecible. Con la ternura de siempre. Enseguida nomás, Damian Portugal se animó a mostrarnos su repertorio encandilando la noche con su actitud interpretativa. Nuestro turno fue un remanso. Descansar en las canciones y los poemas que con gran cariño venimos preparando desde hace tanto. Un cielo de vidalas, eso fue para nosotros. Y como si fuera poco Ada Mercedes Cid tirando magia en su caballete, sumando color y tibieza al frío de la noche. Y la gente seguía llegando, improvisamos mesas, improvisamos sillas. El equipo de Peñas en el Patio con al mejor onda para que todos se sientan cómodos. Evangelina Vilte y la elocuencia de su trabajo jerarquizo la velada. Conocedora y consecuente del quehacer cultural, comentaba anécdotas y lograba un semblante de cada artista al presentarlos con toda soltura y respeto. El cierre no podía ser de otra manera. Rodolfo Tubo Moya y el Mati Ortiz Sosa venían de brindar su espectáculo Tierra de otras historias, venían afilados y se notó. Nos sacudieron el alma con cada frase, con cada nota. Por momentos la euforia y las palmas. Por momentos las lágrimas silenciosas. La sensibilidad estaba a flor de piel y el público no se iba, acompañaba. La providencia quiso que entre el público se encontrara el gran poeta Néstor Soria, de Tucumán. El Tubo lo convidó a decir unos poemas. El silencio atento. Los ojitos brillosos. Y la voz de la poesía profunda resumida en tonada tucumana. Agos, Santi y yo, los abrazamos con un gracias enorme… hasta el próximo cielo de vidalas.

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